|
|
Construimos ciudadanía mundial... |
|
|
|
|
|
|
|
CIUDADANIA MUNDIAL
Cada pueblo está obligado, actualmente, a encontrar su propia vía de superación del exclusivismo o de la ideología de la identidad, en el mundo de las comunicaciones transnacionales y de las relaciones de fuerzas planetarias. Mejor aún: cada individuo está obligado a encontrar en la transformación del inconsciente colectivo de su pueblo los medio de salir de él y comunicar con los individuos de los otros pueblos, que tienen los mismos intereses y, en parte, el mismo futuro que él. El concepto de ciudadanía mundial no es nuevo en la comunidad mundial. Está tanto implícito como explícito en infinidad de documentos, cartas y De su diversidad la humanidad puede extraer sus mayores tesoros, siempre y cuando recobre el secreto de su unidad y se replantee el futuro solidariamente, en una Tierra que es su Casa común. Con el objetivo de instaurar la paz, la Constitución de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, parte de este atinado diagnóstico: "...puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz." Esa enorme máquina que se llama ahora la tecnociencia, no sólo produce conocimientos y elucidación, sino también ignorancia y ceguera. La evolución de cada una de las disciplinas científicas no ha dado como único fruto las ventajas de la división del trabajo, sino también los inconvenientes de la supuerespecialización, la compartimentación y la fragmentación del saber. Tantos problemas dramáticamente relacionados entre si inducen a pensar que la situación del mundo no es una mera crisis, sino ese estado violento -en el que se enfrentan las fuerzas de la muerte y de la vida- que se conoce con el nombre de agonía. Aunque solidarios, seguimos siendo enemigos unos de otros, y el desencadenamiento de los odios por motivos raciales, religiosos o ideológicos sigue provocando guerras, matanzas, torturas y menosprecio. La humanidad no logra dar a luz a la Humanidad. No sabemos aun si es la agonía de un mundo viejo, anunciadora de otro nacimiento, o si es una agonía mortal. Ninguna ley de la historia garantiza automáticamente el progreso. Al riesgo de llegar a una civilización homogeneizada que destruya la diversidad cultural se suma el riesgo opuesto, una "balcanización" de los pueblos que haga imposible una civilización humana común. Bien se puede decir que la situación de nuestra Tierra corresponde a la etimología de la palabra planeta: "astro errante". Estamos viviendo una gran aventura hacia los desconocido. NACIONALIDAD: TERRESTRE La propia Tierra ha perdido el que fue su universo; el Sol ha pasado a ser un astro minúsculo entre miles de millones de otros en un universo en expansión; el planeta es un punto en el cosmos; su superficie es un insignificante brote de vida tibia en un espacio helado en que los astros se consumen con una violencia inimaginable y los agujeros negros se autodevoran. Mientras no se disponga de más información, sólo en este diminuto planeta hay vida y pensamiento. Es la casa común de todos los seres humanos. Se trata ahora de reconocer nuestro vínculo consustancial con ella y desechar el sueño prometeico de dominar el universo para asumir la aspiración a una buena convivencia en la Tierra. Todos los seres humanos son hijos de la vida y de la Tierra. Hay que rechazar, pues, el cosmopolitismo sin raíces, que es abstracto, y abogar por un cosmopolitismo de la Tierra, por la ciudadanía de nuestro pequeño planeta singular. Todos los nuevos arraigos étnicos o nacionales son legítimos, siempre y cuando vayan acompañados de un arraigo más profundo, en la identidad humana terrestre. CIVILIZAR LA TIERRA Hay un imperativo absoluto: civilizar la Tierra, lo que no sólo significa confederar a la humanidad en el respeto de las culturas y las patrias, sino también democratizar y solidarizar. Democratizar: la democracia presupone y nutre la diversidad de intereses y grupos sociales y la diversidad de ideas. Ello significa que no debe limitarse a imponer la voluntad de la mayoría, sino reconocer también el derecho a existir y expresarse de las minorías y de los descontentos. Necesita consenso en cuanto al respeto de las instituciones y reglas democráticas, y requiere al mismo tiempo conflictos de ideas y opiniones que le proporcionen vitalidad y productividad. Pero la vitalidad y la productividad de los conflictos sólo pueden darse en el acatamiento de la regla democrática, que regula los antagonisnmos sustituyendo las batallas físicas por batallas de ideas y, mediante debates y elecciones, determina quién es el vencedor transitorio de las ideas en liza. Solidarizar: sólo si progresa en solidaridad puede una sociedad progresar en complejidad. La complejidad creciente conlleva en efecto un aumento de las libertades, de las posibilidades de iniciativa, de las posibilidades de desorden, tanto fecundas como destructoras. El extremo desorden deja de ser fecundo y pasa a ser principalmente destructor, y la extrema complejidad se degrada en desintegración, con la desmembración de los componentes de un todo. La reinstauración de la coacción puede mantener, evidentemente, la cohesión del todo, pero en detrimeto de la complejidad. La única solución integradora favorable a la complejidad es el desarrollo de la auténtica solidaridad, no impuesta, sino sentida y vivida interiormente como fraternidad. Esto, que es válido para una patria en particular, debe aplicarse ahora a la patria terrestre común. Surge aquí el problema de la reforma del pensamiento y el del replanteamiento de la educación. No puede haber conciencia de todos estos problemas si no hay un pensamiento capaz de ligar las nociones desunidas y los saberes compartimentados. Los nuevos conocimientos gracias a los que descurbrimos el lugar que ocupa la Tierra-patria en el cosmos, carecen de sentido mientras permanezcan aislados. La Tierra no es la suma de elementos distintos (planeta físico + biosfera + humanidad), sino una compleja totalidad físico-biológico-antropológica en que la vida es una emergencia de la historia del planeta y el hombre una emergencia de la historia de la vida. El tipo de pensamiento fragmentario, que desmenuza todo lo que es global, ignora por su propia naturaleza el complejo antropológico y el contexto planetario. Ahora bien, no basta blandir el estandarte de la globalidad, hay que asociar sus elementos en una articulación organizadora compleja, hay que contxtualizar la propia globalidad. Se impone una reforma del pensamiento que engendre un pensamiento del contexto y de la complejidad. El pensamiento del contexto: la política, la economía, la demografía, la ecología y salvaguardia de la diversidad biológica y de la diversidad cultural deben concebirse en términos planetarios. Pero inscribir en un marco planetario todas las cosas y todos los hechos no es suficiente; hay que buscar siempre la relación de inseparabilidad y de interretroacción entre todo fenómeno y su contexto, y de todo contexto con el contexto planetario. El pensamiento de la complejidad: hace falta un pensamiento que una lo que está desunido y compartimentado, que respete la diversidad y reconozca al mismo tiempo la unidad, que trate de descubrir las interdependencias. Un pensamiento multidimensional y organizador que conciba la relación recíproca todo/partes y que, en vez de aislar el objeto estudiado, lo considere en y por su relación autoecoorganizadora con su entorno. Un pensamiento que reconozca su carácter incompleto y negocie con la incertidumbre, sobre todo en la acción, pues sólo hay acción en lo incierto. POR UNA RECIPROCIDAD GLOBAL A lo largo de la historia se ha visto muchas veces que lo posible se torna imposible, pero también se ha visto que lo inesperado se realiza y que sucede lo improbable en vez de lo probable. Hoy día sabemos que las posibilidades crebrales del ser humano permanecen en buena parte sin explotar. Como las posibilidades sociales guardan relación con las cerebrales, nadie puede asegura rque nuestras sociedades hayan agotado sus probabilidades de mejorar y de transformarse y que hayamos llegado al final de la Historia. La posibilidad antropológica y sociológica de progreso restaura el principio de esperanza, pero sin certeza "científica" ni promesa "histórica". Es una posibilidad incierta, que depende mucho de la toma de conciencia, de la voluntad, de la valentía y de la suerte. De modo que tomar conciencia es algo urgente y primordial. Estamos comprometidos a escala planetaria en la obra esencial de la vida, que es resistir a la muerte. Civilizar y solidarizar la Tierra, transformar al género humano en humanidad, pasa a ser el objetivo fundamental de todo proyecto que aspire, no sólo al progreso, sino a la supervivencia de la humanidad. La conciencia de que todos somos mortales debe llevarnos a una solidaridad y una conmiseración recíprocas, de cada cual con cada cual y de todos con todos. |
|
CARACASBAAIWEG 358 CURACAO, N.A - Tel: 59997471073 E-mail: correo@ciudadaniamundial.org | Web Site: www.ciudadaniamundial.org |